jueves, 15 de diciembre de 2011

Se achantó Cardona

Juan José Cardona es un personaje singular. Sus relaciones político-familiares-empresariales-laborales son, cuando menos, singulares. En su etapa de concejal de Urbanismo de Las Palmas de Gran Canaria se coció el famoso convenio del Canódromo por el que el Ayuntamiento capitalino facilitó a un empresario, ligado ahora al caso Lifeblood, un pelotazo de la friolera de 9 millones de euros al negociar un suelo para el municipio a cambio de unos aprovechamientos extraordinarios del resto de la parcela. Según un informe realizado por un catedrático de la UP de Cataluña el Ayuntamiento pagó por ese suelo el triple de su valor. Como consejero de Turismo del Cabildo de Gran Canaria consiguió un record, ahora que se habla tanto de la ralentización administrativa de los proyectos de inversión, al tramitar en una semana, y a pesar de 19 objeciones técnicas, el informe preceptivo para que la urbanización Anfi Tauro fuera declarada de interés general, dándole vía libre a una excepción de la moratoria. En aquellos momentos el 50% de Anfi era propiedad del empresario Santana Cazorla y, casualmente, el señor Cardona pasó a ser director general de sus empresas cuando dejó el Cabildo y hasta asumir la alcaldía palmense. Y en la actualidad ya se sabe: familiares al poder del gobierno municipal, recortes sociales a mansalva o ideas megalómanas improvisadas como el soterramiento de la avenida marítima, otra vez la Gran Marina, la regasificadora…




Como se puede comprobar, nunca ha dejado de ser un peón al servicio de los poderes económicos dominantes, de los que en muchos casos hace de portavoz. Por eso no ha dudado en las últimas semanas en lanzarse a los ruedos para levantar la espada más demagógica del insularismo y acusar al Gobierno de Canarias de inclinarse hacia Tenerife, olvidándose de que su partido ha cogobernado esta Comunidad en las últimas legislaturas y que, si eso fuera así, sería cómplice por acción o por omisión. Por eso –en clara connivencia con Gascan y el Puerto- saca a la palestra la “imperiosa necesidad del gas, para que Las Palmas no se quede atrás” y ofrece valientemente, gallardamente, su ciudad para que se instale en ella la regasificadora que suministraría el gas a la central de ciclo combinado de Juan Grande y posteriormente a los hogares de sus ciudadanos y, al tiempo, no deja de atacar un día tras otro al que esto escribe por impedir que esta planta se instale en Arinaga, obviando que se trata de una decisión unánime de la Mancomunidad del Sureste



Y claro, cuando un espontáneo salta al ruedo, aunque sea compinchado con el empresario de la plaza, corre el riesgo de salir empitonado y eso es lo que le ha sucedido al colega de la capital de la isla. Ante el posicionamiento en contra de la ciudadanía y asociaciones vecinales diversas, del anterior presidente de la Autoridad Portuaria, de la oposición municipal, de expertos, etc., al señor Cardona no le ha quedado más remedio que recular, que dar una marcha atrás estrepitosa y cómica. Se ha tenido que desdecir atacando de nuevo al alcalde de otro municipio, a las decisiones soberanas del consistorio agüimense, que comparte acuerdo con los municipios de Ingenio y Santa Lucía y de la Mancomunidad del Sureste. Ha hecho el mayor de los ridículos y no ha conseguido sino reafirmar las posiciones del sureste y de los ciudadanos que defienden las renovables como alternativa real para Canarias.



Un buen alcalde, un buen gestor de los recursos públicos, debe ser valiente y respaldar a ultranza aquello en lo que cree. Primero dijo: “no puedo permitirme el lujo de que la isla pierda competitividad”. Ahora echo de menos al bizarro alcalde capitalino defendiendo sin miedo, sin achantarse, que el gas se implante en su ciudad para garantizar todos esos argumentos –falsos- que empleó. Dijo que para que fuera más competitiva; para potenciar sus industrias; para que sus vecinos paguen mucho menos por el recibo de la luz, para que se genere mucho empleo; para implantar el gas ciudad, es decir, para que se abran sus calles, aceras y cada uno de los edificios y pisos para introducirlo, y volver al pasado. Pero peor es el argumento que utilizó cuando se desdijo: según él conviene que la planta esté en Arinaga para evitar el largo y peligroso gaseoducto desde la ciudad hasta Juan Grande ¿Qué más da alcalde Cardona que el gaseoducto atraviese la capital y la isla para llegar a Juan Grande si es que, para que se instale el gas en la ciudad y en las industrias, el gaseoducto tendrá que venir desde Juan Grande a Las Palmas de Gran Canaria? ¿Que más da alcalde Cardona que se hipoteque una parte del puerto capitalino? ¿Es que acaso no se hipotecaría también el puerto de Arinaga que se construyó como puerto de servicio para el polígono industrial más importante de Canarias y no como puerto gasero como algunos manipuladores afirman?



Desde luego el alcalde Cardona y los que le bailaron el agua tendrán que explicar muy finamente en adelante por qué no es bueno que el gas se instale ahora en Las Palmas de Gran Canaria y sí en Arinaga o en cualquier otro lugar. Si es tan excelente, si no reporta sino beneficios, si crea tanto empleo, ¡con todos los desempleados que tiene la ciudad!…



A lo mejor es que, por fin, se han informado suficientemente y han llegado a la conclusión que han alcanzado los mejores expertos: que no abarata los costes (la eólica sí), que no garantiza la diversidad de suministro; que la fuerte inversión paralizaría a las renovables y a Chira-Soria; que esta nueva andanada gasista no pretende otra cosa que salvar la “burbuja del gas” en la que han caído las eléctricas (que rezan cada día para que no sople el viento porque a los ciclos combinados se los ha comido la eólica en España); que hay centrales, como la de Campanillas (Málaga) que se ha hecho innecesaria sin haber entrado siquiera en funcionamiento y sigue en pruebas dos años después de construida por el aumento de las renovables; que no contamina menos porque el gas produce metano (20 veces más potente como inductor del cambio climático) y porque en los lugares soleados (casi nada en Arinaga o en San Bartolomé de Tirajana) este combustible es un precursor fundamental del ozono troposférico, de efectos perversos para la salud y los suelos agrarios…



O por lo más trascendental, porque se han informado en profundidad sobre los enormes riesgos para la población. En los últimos años los accidentes en el mundo han sido numerosos e importantes. Según un estudio de la UP de Cataluña (Análisis histórico de accidentes en el transporte de gas natural) hasta la fecha se han producido decenas y decenas de accidentes en el mundo (un 70,8% en gasoductos y metaneros y un 17,3% en plantas de proceso, luquefactoras o regasificadoras). Podría citar y citar, pero los más significativos son los de 2004 en Argelia donde un pequeño accidente produjo 24 muertos y decenas de heridos; en el mismo año en Bélgica una avería en un gaseoducto mató a 15 personas y recordó a todos los belgas cómo en 1967 murieron 22 personas cuando estalló un camión de gas; en 2005 en Nigeria desaparecieron once personas y se destruyó el ecosistema en 27 kilómetros cuadrados; en 1973 en USA murieron cuarenta personas… Y podría seguir y seguir. A raíz de un accidente en EEUU el senador demócrata Anthony Galluccio recordó la necesidad de que las instalaciones de GNL estén alejadas de la costa, mar adentro, y el año pasado tras un peligroso incidente con el metanero español “Catalunya Spirit”, que quedó a la deriva, la prensa americana de esas fechas publicó que la potencia explosiva del cargamento transportado por ese buque equivalía a 55 bombas como la arrojada en Hiroshima (alguno me criticó cuando cité a Roberto Centeno y a su afirmación de que un accidente en una planta podría equivaler a la potencia de 20 bombas de Hiroshima). El peligro más probable se produce en la entrada y salida de los buques gaseros, por eso en esos puertos no puede haber viento (¿entonces en Arinaga?) y para el profesor Dr. James A. Fay del Massachusetts Institute of Technology, uno de los mayores expertos mundiales en GNL, el radio máximo dentro del cual las personas corren riesgo cierto es de ocho kilómetros. Un derrame del metano -que está a -163º C- sobre el agua, que está aproximadamente a 20ºC, hace que hierva y se evapore violentamente, pudiendo inflamarse de manera espontánea y producir una deflagración de varios kilómetros de alcance afectando a barcos, población, industria, viviendas. La radiación térmica, que no puede ser extinguida, dañaría a las personas y propiedades en cinco kilómetros (informe CRS, informe de Jerry Havens, del Centro de Conferencias Billy Frank de Oregón…).



En fin, no se puede fumar en un bar ni en la puerta de un colegio como medida preventiva y sí se quiere poner una planta de gas en las puertas de nuestras casas. Como dice el Observatorio de la Sostenibilidad en España “Industria se ha rendido a las eléctricas cuando las renovables son el futuro”.



*Alcalde de Agüimes



http://www.canariasahora.com/opinion/7620/

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